Entrada: LOS HIJOS DEL NARCOTRÁFICO

Por Diana Isabel Herrera

 

 

 

La pobreza y violencia que permea en los sectores más vulnerables de la sociedad mexicana, no sólo impide el desarrollo de las familias, sino que las asfixia a tal grado que sus miembros se ven obligados a encontrar fuentes de sustento poco convencionales para sobrevivir. Ante ello, los grupos del narcotráfico han sabido aprovechar esta precariedad, atrayendo a los integrantes más pequeños para unirlos a sus filas.

Así, ante la vista de unas autoridades incapaces de detener el horror, las organizaciones criminales van cimentando una estructura que les ha de responder ante cualquier adversidad que se presente en cualquier momento.

Los menores de edad, que forman parte de organizaciones criminales, son cada vez más comunes. Se les puede observar en videos subidos a redes sociales, portando armas, participando en riñas y, la mayoría de las veces, sus cuerpos son encontrados tras enfrentamientos con autoridades o grupos contrarios.

De acuerdo a datos gubernamentales, tan sólo en el 2019 se calculaba que 460,000 menores de edad participaban en mayor o menor medida, en actividades dentro del crimen organizado. Por su parte, la Secretaría de Marina (Semar), la ahora extinta Policía Federal (PF) y la Fiscalía General de la República (FGR) estiman que 4,500 menores fueron detenidos en operativos contra el crimen organizado, en los últimos 12 años.

Uno de los casos que trascendió y que ha puesto bajo la mira esta problemática, fue el de “Juanito Pistolas”, un joven de 16 años que fungía como sicario para “La Tropa del Infierno”, brazo armado del Cártel del Noreste.

El menor comenzó sus actividades criminales a los 13 años de edad; sin embargo, tan solo tres años después de haberse adoctrinado dentro de esta organización, perdió la vida el 28 de agosto de 2019, en Nuevo Laredo, a raíz de un enfrentamiento entre la policía de Tamaulipas y miembros del grupo criminal al que pertenecía.

No obstante, la situación es mucho peor, pues se tienen registros de la existencia de niños que, desde los 9 años, comienzan a crecer, desarrollarse y formar parte de los grupos dedicados al narcomenudeo, extorsión, robo, asalto y asesinato.

Los menores son presa fácil para el crimen organizado debido a que pueden realizar el trabajo sucio, acreditando condenas mínimas; además de ser personas desprotegidas a las que fácilmente se les puede enganchar prometiéndoles dinero, lujos, respeto, pero, sobre todo, un sentimiento de unidad y pertenencia que difícilmente tienen en sus familias y entorno.

El gobierno de López Obrador parece no ver las dimensiones de lo que ocurre. El desempleo también provoca aumentos en los índices delincuenciales. Los niños ya no sólo juegan a ser sicarios, sino que ahora se han convertido en uno. Las autoridades pretenden acabar con el problema, dando becas a jóvenes con cantidades ínfimas. La tragedia, se cuenta sola.

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